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Hace cuarenta y cinco años yo también
tuve veinte años. Entonces el cielo
casi siempre pintaba en gris, el aire solía
estar enrarecido y las puertas acostumbraban
a estar cerradas.
Pero bandadas de sueños cruzaban
por mi frente pidiendo que las siguiera,
y yo lo hice a pecho abierto : aprendí
a volar agitando las alas de las canciones.
Era aquél un tiempo, mi tiempo,
de hambre en la boca, pero también
de cascadas que desbordaban las venas, de
fuegos abrasadores en la cintura, de volcanes
rebosando el corazón.
Un día, entre gallos y medianoche,
quise salir huyendo, en vuelo largo y con
la voz en grito, y lo hice a lomos de una
canción.
Desde mi norte hasta mi sur
El metro y medio, un poco más,
Árbol torcido, casi cruz,
con flor o llaga en el ojal.
Mi cara es tierra de labor
Con surcos que marcó el azar
Dos pozos llenos de dolor
Y un manantial para gritar.
El manantial botaba de lo más hondo
de mis entrañas y me ayudaba a escalar
la tela de araña con que se tejían
mis sueños hasta rozar los horizontes
con la punta de los dedos y el labio de
mi aliento.
Manantial de canciones que me ha liberado
de mí mismo, de mis propios lastres
y ataduras, y que me ha hecho sentir tan
libre como para atreverme a refrescar la
sed de los demás.
A veces he sido torrente y he inundado
tierras a mi paso, a veces sólo arroyuelo
de gota menguada, a veces puro cauce seco
que no llegaba ni a humedecer los terrones
de la vereda.
Mis fuentes estaban en los pozos de la
Historia, en las aguas que la lluvia remansaba
en los pueblos, en la nube caprichosa y
volandera de mi imaginación.
He ido amigándome con el bosque y
el baldío, con el monte y el arenal,
con las huertas y los campos de labor, con
la almena y con la torre, con el poeta y
la campana.
Y siento que ahora mis aguas discurren
mansas y serenas - espero que también
fértiles - en lo que bien sé
es la desembocadura de mi vida.
Hace ya cuarenta y cinco años que
empecé a ser río.
Hoy vuelvo río arriba, hasta mi
fuente primera, hasta mi tierra : Segovia.
Y aquí estoy sentado a la ribera
con mi cántaro lleno, para seguir
diciendo mi canción a quien conmigo
va.
Ismael
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