martes, 06 de enero de 2009     
 
 
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  NOCHES DE MÚSICA DE SAN LORENZO EN EL ATRIO Volver a Portada>>
El lugar de lo humano

José Antonio Gómez Municio

 

Si la iglesia es por definición el lugar de lo sagrado, el espacio que cobija el misterio, el atrio es por el contrario el símbolo de lo humano, el lugar donde se arraciman los hombres antes o después de rendir sus cultos a las potencias inmutables que manejan el mundo. Lugar de encuentro, de cobijo para la lluvia y el frío tan típicos en las tierras castellanas, lugar donde se mezclan los alientos de los hombres, donde nacen los grupos y la comunidad, y los compañeros de morada alcanzan su estatus de vecinos en toda la extensión de la palabra, el atrio ha sido resucitado por la Asociación de Vecinos de San Lorenzo como un espacio para la cultura, para la convivencia. Y lo ha hecho de la mano de la música, lenguaje universal, idioma de la libertad y la tolerancia.

Y todo ese espíritu positivo lo notan los artistas que han pasado por ese espacio también mágico que es la plaza de San Lorenzo, un auténtico teatro fruto de la hermosa ( y alejada de cualquier tipo de tecnicismos con los que ahora nos abruman los especialistas) concepción del urbanismo que tenían nuestros antepasados; espacio que parece construido especialmente para albergar actuaciones comunales, para llamar a la unión vecinal, al cobijo, para sacar la silla de enea al patio con los primeros calores y mirar el espectáculo del mundo pasar a la puerta de casa, desde África hasta América pasando por Andalucía. No en vano, lo particular de los conciertos de este ciclo es que en ellos se crea un ambiente especial, que hace que los músicos se sientan como en casa, y saque lo mejor de ellos mismos, esa parte íntima que sólo nace calor de un fuego especial ( aunque a veces haga un frío que pela) que es el que nace de la gente en su lugar natural.

Desde hace muchos años el ciclo de Noches de Música en el Atrio es un ejemplo que ha marcado estilo en el mundo cultural segoviano, en el que se habla y se habla mucho más de lo que se hace. Los vecinos de San Lorenzo prefieren hacer a decir, y así han demostrado que para sacar a delante una actividad cultural con calidad, dignidad y criterio no hace falta mucho dinero sino, sobre todo, voluntad, ganas y capacidad de trabajo. Así lo demuestra el programa de este año, que viene en el frontispicio marcado por la gran figura de Ismael, uno de los grandes nombres de la música tradicional en Europa. Nunca los profetas fueron muy reconocidos en su tierra, y con Ismael no iba a suceder una excepción. Todos somos muy conscientes de la relevancia de su trayectoria, de la importancia de sus colecciones de arte popular, las más amplias del país, y sin embargo, su Segovia natal, esa en la que se habla tanto, como decíamos, de cultura, le sigue ninguneando ese espacio que tanto merece, y que los propios vecinos de San Lorenzo le darían si pudieran.

Además del homenaje debido a un hombre de la tierra, el ciclo vuelve a apostar por la variedad, para que todos los paladares queden contentos, como sucede en los guisos complicados hechos de muchos ingredientes y sabor : música raíz folclórica, jazz para que el aire del tiempo se enfrente a la sobriedad de los siglos detenida en el arte de la iglesia; flamenco para calentar con faralaes el lado más poético de los corazones de la meseta; coros de pop, soul y godspell para recordar a la comunidad que nace del interior del atrio ... Y por supuesto, cantautores con el verso presto y la sensibilidad pegada a la piel como el tatuaje : del gran Jorge Drexler al no menos grande Ismael Serrano, probablemente los dos mejores intérpretes de canciones propias que pueden verse en este momento por la piel de toro. Lo que no puedo explicarme, después de ver continuamente a gestores que se quejan de que no tienen suficiente dinero para hacer actividades, es cómo consiguen los vecinos de San Lorenzo traerse a lo mejor de cada casa sin darse además ninguna importancia.

Háganme caso y ráptenle unas horas al tiempo para darse un paseo por este salón hecho de historia donde, amén de poder tomarse un vino con unas tapillas, viajarán por el mundo sin moverse de su propia ciudad, y conocerán a sus vecinos, y se sentirán más cerca de ellos y de todos los hombres que en el mundo han sido. Pues ésos y no otros son los objetivos de todas las actividades que damos en llamar culturales.

Recuperemos en estos tiempos turbios el atrio y la música como dos símbolos de lo mejor que tiene el ser humano.


  

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