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Jorge
Drexler Prada es uruguayo, de 1964 y de
Montevideo. Su madre tenía sangre
asturiana, militancia comunista y la profesión
médica. También es doctor
su padre, que pertenecía a una familia
de judíos alemanes que adivinó
el horror que venía y se refugió
en Sudamérica.
Jorge se hizo otorrinolaringólogo
pero prefería cantar.
Sus dos primeros discos fueron bien acogidos
en Uruguay pero aquel es un país
pequeño de tres millones de habitantes
donde difícilmente se puede vivir
del arte. En 1994 conoció en Montevideo
a Joaquín Sabina, un liante que le
aseguró que habría hueco en
el mercado español para sus canciones
sururradas.
A principios de 1995, Drexler se instalaba
en Madrid. Sabina acertó. Desde entonces,
ha conquistado su espacio. Sus temas, sus
letras han sido interpretadas por Ketama,
Victor Manuel, Pablo Milanés, Miguel
Ríos, David Broza.
Por el contrario, uno siente que los propios
discos de Drexler no han tenido el eco que
merecen. Y ya son tres los que ha publicado
en España: "Vaivén"
(1996), "Llueve" (1998), "Frontera"
(1999). Algunos pensamos que Jorge Drexler
es la joya de la corona de la selección
artística de la Virgin española:
un estilo único, un prodigioso archivo
de canciones por descubrir.
Nos lo confirma "SEA", su disco
del año 2001. Como el anterior, ha
sido confeccionado en complicidad con Juan
Campodónico y Carlos Casacuberta,
aunque nada que ver con lo que esos colegas
uruguayos hacían con el grupo El
Peyote Asesino.
¿Qué es lo esencial de Jorge
Drexler? Primero, esa prodigiosa habilidad
para cantar al oído, como Joao Gilberto
y otros magos brasileños; Drexler
acaricia partes del cuerpo y del alma que
muchos compañeros suyos ni siquieran
saben que existen.
Segundo, su cancionero. Que incluyen certeras
meditaciones sobre su peripecia vital y
la de los suyos, que habla de amor con gloriosa
sensualidad. Que se deja empapar por el
mundo que le rodea. Que recurre a las formas
folclóricas de su tierra con naturalidad.
Todos esos elementos esenciales están
en "SEA". La evocación
de la historia trágica de los judíos
el lamento por la supervivencia del odio
que nos traen cada día los periódicos.
En la canción que le da título,
la reflexión de alguien que se sitúa
en la mitad de la vida. Los deleites del
cuerpo a lo largo de "Horas".
La filosofía práctica de "Causa
y efecto". Los ritmos telúricos
de "Crece" y "Tamborero".
Las gloriosas odas al amor de "Nada
menos" y "Me haces bien"
y "Uno". El retrato de alguien
a quien puedes conocer, alguien como "Raquel".
La afilada nostalgia por su tierra de origen,
"Un país con el nombre de un
río".
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